La resistencia del Amauta
El complot de Ravines y la farsa del calco soviético Por Juan Orlando Orrego Sevilla El reciente chongo en el Senado entre el ministro del Interior y el senador Íber Maraví —donde los fantasmas de Lucanamarca y los atestados policiales de los ochenta saltaron a la mesa— ha vuelto a poner el pecho sobre una vieja tara de la izquierda peruana: su costumbre de lavarse las manos y culpar al resto de sus propios fracasos. Hoy se quejan de persecución con chofer oficial y curul asegurada, pero olvidan que la demolición de su proyecto original no vino de la derecha, sino de la intriga y la traición de su primer gran operador. En el imaginario de la izquierda caviar y de la línea dura se suele vender la ruptura de 1928 como un quiebre inevitable de doctrinas. Sin embargo, los documentos desclasificados del archivo de José Carlos Mariátegui y el agudo ensayo de Alberto Flores Galindo revelan una verdad mucho más incómoda: el Amauta nunca fue un tonto útil. Vio venir la jugada, resistió a pie fi...